La Invasión de Luperón 1949

Después del fracaso de Cayo Confite, los exiliados dominicanos no se dieron por vencidos en su afán de invadir la República Dominicana y derrocar a Trujillo. Los líderes que organizaron el Ejército de Liberación de América se marcharon a Guatemala después de ser expulsados de Cuba, donde fueron acogidos por el gobierno guatemalteco, en especial los centroamericanos. En diciembre de 1947, el Ejército de Liberación de América cambio de nombre y de líderes, creando una nueva organización armada llamada la Legión del Caribe. La Legión del Caribe tenía un total de 700 combatientes listos para derrocar las dictaduras en el continente americano. Bajo la dirección del político costarricense José Figueres, la Legión en 44 días logran exitosamente derrocar el gobierno de Costa Rica. Luego en diciembre de 1948, la Legión invadió Nicaragua para derrocar la dictadura de Somoza. Pero después de dos semanas de combate era evidente que la Guardia Nacional nicaragüense iba a triunfar. El 24 de diciembre terminaron los combates por mediaciones de la Organización de Estados Americanos.La facción dominicana de la Legión del Caribe no participó en las invasiones de Costa Rica y Nicarague, pues era el grupo menos influyente de la organización, y además era la que menos integrantes tenía. Después de la derrota en Nicaragua, la Legión del Caribe desaparece, y la facción dominicana se quedó con menos de 90  de su combatientes y el arsenal  dejado en Guatemala.

Juan (Juancito) Rodríguez, el lider de la  facción dominicana, prosiguió con sus deseos de venganza contra Trujillo y bajo su dirección volvieron a revivirse los planes de invasión de Cayo Confite.Rodríguez era un rico hacendado dominicano, y según el libro de Richard L. Turits, “Fundation of Depotism: Peasants, The Trujillo Regime and Modernity in Dominican History”, los motivos que lo motivaron a oponerse a Trujillo fueron más bien por razones personales. Rodríguez había sido un fiel seguidor de Trujillo, y su lealtad al dictador quedó demostrada en muchas ocasiones (aunque según de sus biógrafos han escrito que siempre se opuso a Trujillo en secreto), y por esta razón Trujillo lo nombró senador en el Congreso Nacional. Sus problemas con Trujillo comenzaron cuando el dictador quiso comprarle unas tierras “para repartirlas entre campesinos”. A partir de ese momento, Juancito Rodríguez consideró a Trujillo como su enemigo y secretamente apoyó un fallido plan para asesinar al dictador. Temiendo a ser descubierto, Juancito Rodríguez fingió que iba al extranjero por problemas de salud y huyó a Cuba. Antes de salir del país envió gran parte de su fortuna a Cuba, la cual luego uso para financiar la invasión de Cayo Confite; y es por esta razón que fue nombrado como comandante de la misma sin tener ninguna experiencia militar. Aunque Juancito Rodríguez era llamado “general”, nunca lo fue, el mismo se autoproclamó “general” cuando participó como líder de un grupo de campesinos en la guerra civil de 1912.

Mientras todos estos acontecimientos sucedían en América Central, el gobierno dominicano lanzó una campaña bastante agresiva en contra de Guatemala. Trujillo amenazó públicamente al presidente guatemalteco Juan José Arévalo, y la prensa dominicana publicó titulares donde se anunciaba que los aviones del Cuerpo de Aviación Militar iban a “bombardear con medios ofensivos más potentes” a la ciudad de Guatemala. Sin embargo, el presidente Arévalo aceptó el reto de Trujillo y decidió ayudar a la nueva invasión planeada por Juancito Rodríguez. Los líderes  póliticos dominicanos en el exilio que organizaron la invasión de Cayo Confite se mantuvieron alejado de este nuevo intento de invasión por las diferencias políticas creadas con  Juancito Rodríguez después del fracaso de Cayo Confite.

Los planes para invadir la República Dominicana se iniciaron en enero de 1949. En ese mes comenzaron los entrenamientos militares de los combatientes en la Base Militar de Puerto San José, localizada en las costas del Pacífico guatemalteco. Los entrenamientos de los combatientes terminaron en el mes de mayo, y la invasión estaba planeada para el siguiente mes, pero fue retrasada por falta de los transportes aereos que se necesitaban.

A principios del mes de mayo de 1949, el cubano Alberto Bayo Giroud1, y José Rodríguez, hijo de Juancito Rodríguez, viajaron a México donde compraron dos aviones al contrabandista mexicano Alfredo del Valle. Estos aviones eran un avión Curtiss C-46 (tenía la matrícula mexicana XB-HUV y sus instrumentos de navegación no servían) y un Douglas C-47 (tenía la matrícula mexicana XA-HOS). Los pilotos mexicanos que fueron contratados para llevar los aviones a Guatemala despegaron ilegalmente de México sin declarar sus rutas de vuelo, y esto puso en alerta a las autoridades mexicanas que creyeron que Del Valle iba a usarlos para traer contrabando a México desde Centro América. Días después de comprar los aviones a Del Valle, Bayo y José Rodríguez viajaron a Texas donde compraron dos hidroaviones Consolidated PBY-5A Catalina; uno de estos aviones tenía la matrícula norteamericana N1096M; y este avión en particular fue comprado en Miami antes de ser vendido a Bayo y José Rodríguez.

El plan de la invasión consistía en aterrizar el avión C-46 en la región del Cibao, y en el mismo viajaría Juancito Rodríguez y Eufemio Hernández, su segundo en mando, más 20 combatientes (como también se había planeado en Cayo Confite). Se asumió que la presencia de Rodríguez en el Cibao iba a motivar a los campesinos de la región a apoyar la invasión. El avión C-47 iba a aterrizar en San Juan de la Maguana con 25 combatientes al mando de Miguel Ángel Ramírez, un ex oficial del ejército norteamericano de origen dominicano que también era uno de los comandantes en Cayo Confite. En la bahía de Luperón, cerca de la ciudad de Puerto Plata, iban aterrizar los dos hidroaviones con un total de 24 combatientes. Estos dos aviones también cargaban armas, municiones y explosivos que iban a ser entregados a los disidentes de Puerto Plata que iban a unírseles en el pueblo de Luperón. El número de combatiente de la invasión era menos de 100 hombres, incluyendo los 10 pilotos que fueron contratados para pilotear los aviones. El número de combatientes dominicanos llegaba a 16 hombres, también habían 5 cubanos (3 de ellos eran de origen español que habían combatido en la Guerra Civil Española), 6 españoles (quienes tenían antecedentes de ser simpatizantes comunistas, incluyendo el subcomandante de la invasión, el Dr. Antonio Palós Palma y fue entrenado en cuestión militar en la Unión Soviética), y el resto de los combatientes eran centroamericanos de varios origines. La tripulación de los aviones eran 3 norteamericanos y 7 mexicanos. En la República Dominicana se había organizado el Frente Interno que supuestamente iba a movilizar a 1,200 voluntarios que iban a unirse a la invasión. El plan original era viajar con los aviones a Cuba para abastecerse de combustible, y desde Cuba iban a proceder a la República Dominicana, pero la desconfianza que había del gobierno cubano hizo que estos planes fueran cambiados. Los aviones C-46 y C-47 iban hacer escala para abastecerse en el aeropuerto de la pequeña isla de Cozumel, cerca de las costas de la península de Yucatán, en territorio mexicano. Estos dos aviones iban a partir desde la costa del Pacífico de Guatemala, y a estar tan cargados necesitaban reabastecerse de combustible para continuar a la República Dominicana. Los aviones Catalina iban a viajar directamente sin abastecerse porque iban a despegar desde Lago Izabal cerca de la costa caribeña de Guatemala.

Muy pocos artículos y libros que se han escritos o se mencionan esta invasión (especialmente aquellos que son escritos por autores y periódicos dominicanos) rara vez mencionan las dificultades de coordinación y cooperación que había entre el grupo de mando de la invasión. Los comandantes  estaban muy dividido al igual que en Cayo Confite. Las opiniones entre ellos terminaban en grandes discusiones que era imposible entablar una cooperación colectiva, y el caracter de dictador de Juancito Rodríguez como comandante dejaba mucho que desear. Rodríguez dependió de las decisiones de Bayo y Palós Palma porque estos tenían experiencias en combate en la Guerra Civil Española.Aun así los demás siguieron en la aventura por sus ideales de ver a Trujillo muerto.

El 4 de julio un español integrante de la invasión viajó a la Ciudad de México y pidió una audiencia con el embajador dominicano Dr. Joaquín Balaguer. Este chivato puso a Balaguer al tanto de la invasión, e inmediatamente Balaguer puso en alerta al gobierno dominicano. Varios días después Balaguer anunció en la prensa mexicana los planes de invasión que se estaban planeando en Guatemala. Alberto Bayo fue alertado por el embajador español en México sobre la rueda de prensa de Balaguer, y este aconsejó a Juancito Rodríguez cancelar la invasión, pero Rodríguez no le hizo caso, y aun sabiendo que el elemento sorpresa se había perdido prosiguió con sus planes. Mientras tanto, dos días antes de realizarse la invasión el general Anselmo Antonio Paulino Álvarez, en ese entonces era jefe de la Inteligencia Militar del Ejército Nacional, le mostró a Trujillo los planes militares que las fuerzas armadas habían tomado para esperar la invasión. El general Paulino logró infiltrar a uno de sus oficiales en el grupo del Frente Interno de Puerto Plata. El espía de Paulino pudo ganarse la confianza de los insurgentes, y supo donde iban a aterrizar los aviones. Trujillo ya sabía cuándo y cómo se efectuaría la invasión.

A las 4:00 AM del 18 de junio de 1949 los combatientes de la invasión comenzaron abordar los aviones en la Base Aérea del Puerto de San José. Pero cuando iban a despegar, los pilotos mexicanos del avión C-46 rehusaron proseguir. Se quejaron del poco dinero que le estaban pagando y que el avión no tenía instrumentos de navegación para llegar a su destino meramente siguiendo al otro avión. Miguel Ángel Ramírez amenazó a punta de fusil a los mexicanos para que despegaran y casi logra matar a dos de los pilotos a no ser por la intervención de otros. Los dos pilotos mexicanos del C-47 se unieron a la protesta de sus compañeros, y exigieron que se le pagara más dinero para proseguir. Mientras esto sucedía, en el Lago Izabal, cerca del Puerto Barrios en las costas del Caribe guatemalteco, los pilotos de los aviones Catalina alistaron sus aviones para despegar. El avión Catalina tripulado por pilotos mexicanos fingieron que había una falla en uno de los motores y recomendaron a los combatientes desmontarse del avión junto a la carga que llevaban para hacer un vuelo de prueba. Después que el avión estaba vacío el avión despegó rumbo a México. Al día siguiente, estos pilotos declararon en la prensa mexicana que habían sido engañados con falsa promesas y estaban siendo obligados a exponer sus vidas en una aventura que no creían que iba a triunfar. En el Lago Izabal sólo quedó el avión Catalina N1096M piloteado por los 3 norteamericanos; quienes intentaron despegar 5 veces hacia la República Dominicana pero el peso que llevaba el avión era demasiado. A su vez, Juancito Rodríguez se enteró de lo ocurrido con el avión Catalina y se comunicó con Horacio Ornes, el comandante de ese grupo, ordenándole reorganizar la expedición para que despegara el día siguiente con menos carga. En la Base Aérea del Puerto de San José, Juancito Rodríguez al quedarse sin pilotos llamó personalmente al presidente Arévalo para pedirle ayuda. Arévalo ordenó a la Fuerza Aérea asistir a Rodríguez, y fueron asignados dos aviones C-47 (identificados con las numeraciones militares FAG T1 y FAG T2) de la Fuerza Aérea guatemalteca. Cuando los pilotos mexicanos vieron llegar a los aviones de transporte guatemaltecos finalmente aceptaron volar sus aviones a la República Dominicana.

Parte de la carga de armas y municiones que llevaban los aviones C-46 y C-47 fue retribuida en los dos aviones C-47 guatemaltecos. Finalmente, los 4 aviones despegaron tarde en la mañana del día 18 de junio. El viaje a Cozumel estuvo tranquilo hasta que sobrevolaron el territorio mexicano. Los aviones encontraron una tormenta, y  los pilotos del C-46 perdieron de vista a los otros tres aviones, pues no tenian instrumentos para navegar a ciega. Debido a esto, declararon una emergencia y aterrizaron en una playa en la costa norte de Yucatán. Los demás aviones siguieron sin problema hasta aterrizar en la Isla Cozumel como estaba planeado. Ahí las autoridades mexicanas identificaron el avión C-47 XA-HOS y asumieron que los tres aviones llevaban contrabando del contrabandista Alfredo del Valle. Cuando las autoridades mexicanas revisaron los aviones encontraron a los combatientes completamente armados y el cargamento de pertrechos militares que llevaban. Todos los combatientes y los pilotos fueron apresados, incluyendo los pilotos militares guatemaltecos. Al día siguiente, la prensa mexicana publicó el arresto, y bajo estas circunstancias el gobierno de Guatemala tuvo que admitir su participación en la invasión. Dos días después, los dos aviones guatemaltecos y sus pilotos fueron permitidos regresar a su país. El avión C-46 fue confiscado por las autoridades mexicanas, y los combatientes fueron apresados por contrabando de armas.

En la República Dominicana se creyó que la invasión había terminado ante el apresamiento de todos los combatientes. Sin embargo, el día 19 temprano en la mañana el avión Catalina N1096M pudo despegar hacia la República Dominicana después que los pilotos hicieron 3 intentos. Nadie se había enterado de lo ocurrido el día anterior en Cozumel. El avión siguió sin problema, sobrevoló las islas Swan de Jamaica, siguió sobre la costa Norte de Haití, viajando sobre el mar cerca de las costas dominicanas siguió hasta aterrizar en la bahía Luperón, cerca del pueblo costero del mismo nombre. Cuando volaban sobre territorio dominicano uno de los tripulantes sintonizó la radio La Voz Dominicana y se extrañaron oir música de la programación regular de la emisora del gobierno.

El avión aterrizó a unas cuantas millas de la playa La Gracia. Ahí pasaron el resto de la noche hasta al amanecer del día 20. Temprano en la mañana, los pilotos norteamericanos decidieron anclar el avión en el pequeño muelle del pueblo de Luperón donde supuestamente iban estar esperándolos los miembros del Frente Interno de Puerto Plata. Las 14 personas que iban a reunirse con el avión Catalina en el muelle, ese día en la madrugada fueron emboscadas por tropas del ejército mientras dormían en una vivienda en la carretera entre el pueblo de Luperón y la ciudad de Puerto Plata.

Los integrantes del contingente que llegó en el avión eran 8 dominicanos: Julio Horacio Ornes (el comandante del grupo), Tulio Arvelo, Federico Henríquez (Gugú), José Rolando Martínez Bonilla, Miguel A. Feliu Arzeno, Hugo Kunhardt, Salvador Reyes Valdés, y Manuel A. Salcedo. Había 3 nicaragüenses: Alejandro Selva, Alberto Ramírez y José Feliz Córdova, y un costarricense, Alfonso Leytón. Los tres tripulantes norteamericanos eran John W. Chewning (piloto), George Raymon Scruggs (copiloto), y Habett J. Marrot (navegador). De los 8 dominicanos en el grupo, 6 de ellos estaban en el contingente de Cayo Confite. Kunhardt y Gugú eran los únicos de los dominicanos que habían visto combate durante la 2da Guerra Mundial cuando estaban en el ejército norteamericano, y los tres nicaragüenses eran ex militares de la Guardia Nacional de Nicaragua.

Cuando llegó el avión al muelle fue recibido por una muchedumbre que se apresuraron a verlo, pues este era un raro acontecimiento en el pueblo. Ninguno de los habitantes del pueblo había visto un avión navegar en el agua y mucho menos habían visto un avión de cerca. Algunos hombres ayudaron a los combatientes amarrar el avión al muelle. Todos pensaron que el avión era un avión militar dominicano, y entre los curiosos estaba el raso Leopoldo Puentes Rodríguez, uno de los soldados estacionados en el puesto de vigilancia del pueblo. Después que estuvo el avión asegurado, los combatientes con sus armas desenfundadas ordenaron a las autoridades del pueblo apartarse de los demás civiles dividiendo la multitud en dos grupos. El alcalde del pueblo fue desarmado de su revólver, mientras se ordenó a un grupo de hombres a desembarcar las cajas de armas y municiones que estaban dentro del avión.

El raso Puentes se pudo escabullir y corrió apresuradamente al Puesto de Vigilancia donde se armó de un fusil Máuser y salió a enfrentarse el solo a los invasores. Desde la esquina de una de las casas que daba frente al muelle, se acostó en el suelo, apuntó su fusil y disparó. Alfonso Leytón cayó muerto instantáneamente con un impacto de bala en el cuello. El disparo creó el pánico entre todos ahí presente. Mujeres, hombres y niños corrían gritando por todos lados. Los combatientes disparaban en dirección dónde provino el disparo, mientras que el comandante Ornes les gritaba que no dispararan más. Puentes volvió a disparar alcanzando a Salvador Reyes Valdez que estaba arrodillado al lado del cuerpo de Alfonso Leytón. Sus compañeros al verlo caer mortalmente herido comenzaron a correr tratando de rodear a Puentes. En la confusión del tiroteo, Kunhardt y Ramírez se dispararon uno al otro. Kunhardt resultó ligeramente herido por una bala del fusil de Ramírez, pero Ramírez cae muerto por los disparos de su compañero. En menos de 24 horas de haberse iniciado la invasión, los combatientes anti-trujillistas ya tenían 3 muertos y un herido. En el confuso tiroteo el raso Puente resultó herido, perdiendo el conocimiento. Fue dejado por muerto al ver que su cuerpo no se movía.

La confusión del tironeo y las bajas sufridas obligó a Ornes a decidir huir en el avión antes que llegaran los soldados dominicanos. Cargaron los tres muertos dentro del avión y dejaron en el muelle la mayoría del cargamento que habían traído. Uno de los hombres del pueblo aconsejó a Ornes seguir unas marcaciones que estaban en el agua donde indicaban el aérea más profunda de la bahía. Este le explicó al piloto, quien dirigió el avión siguiendo las instrucciones. El avión comenzó a moverse hacia la desembocadura de la enseñada de la bahía para ganar distancia para despegar, pero cuando se disponía alzar el vuelo, uno de los motores dejó de funcionar al encajar el avión en un banco de arena.

Los pilotos forcejeaban por intentar despegar, cuando en la distancia se acercaba el guardacostas GC-9 “Luperón” al mando del alférez Armado Díaz y Díaz. El guardacostas GC-9 estaba de patrulla en la zona desde hace dos días esperando a que llegaran los aviones Catalina de la invasión. Dentro del avión, todos vieron al pequeño patrullero que se acercaba a toda velocidad. Al mismo tiempo, el comandante Díaz y Díaz ordenaba al marino Luis María Duverge abrir fuego con el cañón automático de 20mm. La primera ráfaga de los proyectiles impactó en el fuselaje del avión ocasionando un incendio en su interior. La hélice del motor que funcionaba dejó de moverse, y todos los ocupantes del avión comenzaron a salir del avión nadando hacia la playa. Los primeros en salir fueron los norteamericanos, los cuales escaparon abriendo las ventanillas de la cabina. Ya todos habían salido del avión cuando impactó la segunda ráfaga de proyectiles del guardacostas que hicieron estallar el avión y después detonaron explosiones secundarias dentro de los escombros.

Durante la confusión de las explosiones, los marineros del Guardacostas GC-9 no se percataron de que habían escapados los combatientes. Díaz y Díaz asumió que todos los guerrilleros habían muertos en la explosión. Varios minutos después hacen presencia las corbetas Gerardo Jasen C-103 y Colón C-101. Los cañones de ambos buques bombardearon la playa por si alguno de los “invasores” había logrado escapar. Cuando los marinos abordaron los restos del avión encontraron los tres cuerpos calcinados de los combatientes que habían muerto en el tiroteo del muelle, y presumieron que habían fallecidos en la explosión del avión.

Horas después de la destrucción del avión, 4 aviones de combate (2 aviones Mosquito y 2 Beaufighter) sobrevolaron el pueblo de Luperón a baja altura y procedieron a bombardear la zona de la playa a ciegas sin ningún objetivo. Después pasaron varias veces sobre la playa ametrallando las palmeras y los montes alrededor del pueblo. También volaron sobre la playa varios aviones P-38 y P-51 piloteados por dominicanos y brasileños, los cuales también ametrallaron las palmeras cerca de la playa. Varios aviones AT-6 Texan fueron despachados para tratar de localizar desde el aire a los “invasores”, pero no pudieron localizarlos.

Los sobrevivientes fueron luego apresados o emboscados por tropas del ejército ayudados por campesinos. Sólo 5 de ellos fueron capturados vivos; estos fueron Horacio Julio Ornes, Tulio Arcelo, José Rolando Martínez Bonilla, Miguel Feliu Arzeno y el nicaragüense José Córdova. Fueron llevados a la ciudad de Puerto Plata donde los recibieron el capitán Dominico Pérez y el gobernador de la provincia de Puerto Plata, Antonio Imbert Barreras,3 quien estuvo envuelto en los maltratos que fueron sometidos estas personas. Además de los 14 miembros del Frente Interno de Puerto Plata que fueron fusilados el día 20, también fueron apresados y asesinados unas 34 personas asociadas al Frente Interno, y más de un centenar de personas fueron apresadas por simple sospecha o por ser miembros inocentes de las familias de los insurgentes.

El 25 de junio la unidad 1318 (un avión AT-6C Texan) despegó del Campo de Aviación de Puerto Plata en una de las misiones de búsquedas de los “invasores”. Este avión desapareció durante la misión y era piloteado por el 2do teniente Reynaldo Peña Díaz, y llevaba como observador aéreo al sargento primero Mario Carrasco. Varios aviones fueron despachados para buscar el resto del avión, pero el 3 de julio se ordenó suspender la búsqueda. Luego el 19 de julio de 1949 apareció el cadáver del piloto Reynaldo Peña en la playa Nethew en la Isla Inagua de las Bahamas. Fue reconocido por el quepis encontrado cerca del cadáver. No se sabe qué pasó con este avión o la causa del accidente.

Al otro día de ocurrir la invasión (21 de junio), Trujillo se presentó en el pueblo de Luperón. Estuvo acompañado por su hermano y ministro de las fuerzas armadas, teniente general Héctor B. Trujillo, el Dr. Manuel A. Robiou (ministro de Sanidad y Asistencia Pública), el general Virgilio Álvarez Pina (presidente del Partido Dominicano), y el capitán Rafael Leónidas Trujillo Martínez (Ramfis), hijo mayor del dictador. Fueron recibidos por Imbert Barreras, quien personalmente le presentó a Trujillo las armas y municiones dejados por los invasores en el muelle del pueblo. El raso Puentes y los tripulantes del Guardacostas CG-9 fueron también recibidos por Trujillo y fueron llamados héroes. Estos individuos recibieron muchos halagos del gobierno hasta que dejaron de ser importantes para la propaganda del régimen.

En el plano internacional, la República Dominicana lanzó un gran despliegue de acusaciones contra Cuba, Costa Rica y Guatemala (usando las supuestas confesiones de los sobrevivientes de la invasión). El gobierno dominicano intentó proclamar las estipulaciones del Tratado de Rio contra estos tres países, pero los Estados Unidos propusieron mejor que el asunto fuese investigado por el Comité de Paz Interamericano. Con esta acción el gobierno del presidente Truman puso fin a la Legión del Caribe al mismo tiempo negaba los deseos de venganzas de Trujillo en contra los gobiernos que apoyaban a los exiliados dominicanos. Los 5 sobreviviente de la invasión fueron juzgado y sentenciados a 30 años de cárcel el mismo día del juicio (8 de agosto de 1949). Miguel Feliu Arzeno fue acusado de asesinar a los pilotos norteamericanos de la invasión para evitar futuras investigaciones de la embajada norteamericana en la muerte de estos hombres, los cuales fueron asesinados después que se rindieron. Finalmente, el gobierno liberó a los 5 sobrevivientes enviándolos al exilio. Esta acción fue realizada para mejorar la imagen de Trujillo y de su gobierno en el extranjero.

El 28 de junio de 1949, días después de haber terminado las operaciones aéreas de la Aviación Militar Dominicana en Luperón, el coronel Fernando Manuel Castillo es reemplazado como jefe del Estado Mayor de la aviación militar por el mayor general Federico Fiallo. Fiallo no tenía ninguna experiencia en aviación, pero era uno de los oficiales más leales de Trujillo, y junto al mayor general Fausto Caamaño, era conocido por llevar a cabo algunos de “los trabajos sucios” de la dictadura. Castillo fue sustituido porque no se pudo detectar el avion Catalina, y esto a pesar que estaba casado con Japonesa Trujillo, una de las hermanas del dictador.

Después del “triunfo militar” en Luperón, el 22 de octubre de 1949, el gobierno preparó un gran desfile militar para celebrar el natalicio del generalísimo Trujillo. Este fue el despliegue de unidades militares más numeroso que se había presentado en la República Dominicana desde su fundación como nación. Fue celebrado en la Avenida George Washington en Ciudad Trujillo, donde se construyó una tribuna especial para que el dictador pudiera presenciar hasta los buques de guerra que desfilaron en su honor. En el cielo escuadrillas de aviones formaron las iniciales del nombre completo de Trujillo, otros aviones realizaron ataques simulados de bombardeo en picada dejando caer bombas en vivo sobre plataformas de madera que flotaban en el mar. Los dos bombarderos B-17 pasaron rasante seguido por varios aviones Mosquito y Beaufighter. Fue una demostración militar sin precedente, y fue el primer desfile de esa índole de varios que se hicieron durante la dictadura.

RECURSOS USADOS:

  1. Alberto Bayo, era un teniente de infantería en el ejército cubano y es combatiente comunista de la Guerra Civil española. Fue responsable de entrenadar a Fidel Castro, Raúl Castro y al Che Guevara en México antes de iniciar la exitosa campaña guerrillera que dio origen a la Revolución Cubana. Uno de sus consejos a Castro fue ganarse la simpatía del campesino cubano si quería ganar la guerra.
  2. Los datos de la Invasión de Luperón usados en este libro fueron obtenidos en las siguientes fuentes: Gleijeses, Piero (1991) “Shatterd Hope: The Guatemalan Revolution and the United States, 1944-1954”. Ed. Princeton University Press, pp 107-115. Ameringer, Charles D. (1996) “The Caribbean Legion: Patriots, Politicians, Soldiers of Fortune 1946-1950”, Ed. Pennsylvania State University Press, pp 100-117. Revista Militar de agosto 1949, artículo sobre la participación del raso Leopoldo Fuentes. Ciudad Trujillo. Otros documentos oficiales del incidente encontrados en los Documentos del Ejército Nacional del año 1949. Archivo General de la Nación.
  3. Antonio Imbert Barreras: Participó en el asesinato de Trujillo en mayo de 1961. En 1930 era un inspector del ferrocarril, y por su lealtad a Trujillo asumió varias posiciones importantes dentro del gobierno entre ellas subsecretario de Estado, subadministrador de la Lotería Nacional, administrador del Departamento de Documentos Personales, y codueño de la compañía Mezcla Lista, quien su otro dueño era Francisco A. Martínez, hermano de la esposa de Trujillo. Despues de la muerte de Trujillo, pidío al presidente Balaguer que lo nombrara “general vitalicio”, aunque este nunca había sido militar de vocación.